En un mundo caracterizado por la interacción constante entre diversas culturas, donde la paz y la convivencia se constituyen como herramientas esenciales para la cooperación entre naciones, resulta imprescindible promover y sostener una cultura de paz y ciudadanía. En este marco, la no violencia debe erigirse como fundamento del desarrollo comunitario (Gutiérrez-Torres y Buitrago-Velandia, 2019).

La construcción de la paz es, ante todo, un proceso que debe gestarse desde la comunidad universitaria desempeña un papel central al propiciar la reflexión sobre el conflicto armado y la necesidad de consolidar una cultura de paz (Acosta y Sáenz, 2022; Mora et al., 2023). Esta perspectiva convoca a la universidad a involucrar a la comunidad UNAM en su estrategia de cultura de paz y erradicación de las violencias, consolidándose como un espacio que, en el marco del Programa Universitario sobre Cultura de Paz y Erradicación de las Violencias, favorece el diálogo entre la comunidad universitaria y su entorno, y facilita acciones orientadas a la educación para la paz y la reconstrucción del tejido social.

En este escenario, la cultura de paz se concibe como una apuesta ética de la comunidad universitaria para enfrentar las diversas formas de violencia, transmitir el profundo compromiso de transformar los conflictos de manera pacífica y exaltar valores como el reconocimiento, el cuidado y la solidaridad. La erradicación de la violencia exige modificar las raíces culturales que la sostienen, pues la cultura de paz constituye hoy un valor esencial. En este sentido, la universidad, como espacio plural y crítico, tiene la responsabilidad de promover una educación capaz de reconocer y aceptar los valores presentes en la diversidad de individuos, géneros, pueblos y culturas, así como de fomentar la comunicación, la cooperación y la construcción colectiva.

Los miembros de la comunidad universitaria, deben comprender que sus interpretaciones de las situaciones y problemas se derivan de sus experiencias vitales, de la historia de su sociedad y de sus tradiciones culturales. Por consiguiente, no existe un único individuo o grupo que posea la respuesta definitiva, sino que pueden coexistir múltiples soluciones para cada problema. De ahí que sea necesario aprender a respetarse y comprenderse mutuamente, negociando en condiciones de igualdad para encontrar un terreno común. Así, la educación universitaria fortalece la identidad personal y, al mismo tiempo, favorece la convergencia de ideas y soluciones que refuercen la paz, la amistad y la fraternidad entre los individuos y los pueblos (UNESCO, 1995).

Cultura de Paz

Javier Sicilia

Novelista y fundador del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad

“La paz nace, en primer lugar, al detener la violencia y, después, al insuflar una conciencia de paz en la ciudadanía”.

“Las universidades, como instituciones que resguardan el saber, el sentido de la cultura y el del ser humano, son fundamentales en este trabajo de la cultura de la paz. De esta forma, creo que las instituciones y la UNAM se vuelven una vanguardia”.

“Las diferencias no deben ser motivo de polarización, como lo estamos viviendo en la actualidad, sino un motor de paz que fomente el diálogo y sirva como principio y fundamento de la comunidad humana”.

“No se puede llegar a una paz absoluta, por desgracia, pero sí reducir los índices de violencia a niveles que puedan ser contenidos por una cultura y una convivencia de paz”.

 

Guadalupe Barrena

Titular de la Defensoría de los Derechos Universitarios, Igualdad y Atención de la Violencia de Género de la UNAM

“Es necesario formar de manera continua a las comunidades. Primero, para reconocer qué significa un acto de violencia o en qué lugar estamos frente a uno. Segundo, para reconocer que somos agentes potencialmente generadores de violencia. El conflicto parte de lo humano y la violencia no es privativa de una sola persona, le puede ocurrir a cualquiera”.

“Debemos aprender a identificar estrategias de afrontamiento ante dichos eventos, con el fin de transformar esas situaciones de conflicto en oportunidades de aprender, reconocernos en nuestras diferencias y construir colectivamente”.

 

Leticia Cano Soriano

Directora del Programa de Cultura de Paz y Erradicación de la Violencia (PUCPAZ)

“El mundo enfrenta desigualdades, violencias y pobreza que ponen en riesgo la vida y la dignidad humana. Estas realidades obligan a preguntarnos si este es el planeta que queremos heredar, y la -respuesta es no-. Por ello, resulta esencial impulsar espacios de participación colectiva, como el convocado por la Universidad de la Nación, que representan una oportunidad invaluable para quienes creen que un mundo mejor es posible”.

 

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